A veces se silencian.
Otras, aparecen con algún bostezo.
Con demandas, con reclamos, con pedidos. Con mimos, con aliento, con presencia.
A veces discutimos.
Otras, capitulamos para volver a querernos.
Con mensajes, con canciones, con palabras. Con flores, con frutas y una cesta.
Ellos saben mi nombre. Yo desconozco los suyos.
Pero sé que los tienen. Y una historia, una lucha, un alivio. Una casa, un rostro y su relato.
Hace tiempo que dejé de hablarle al aire. Hay eco, es cierto. Pero no es el de mi voz.
A las orejas compañeras de todas mis mañanas. Gracias...
Por la boca vive el pez - Fito y los Fitipaldis