14.7.13

W


Este espacio languidece. 
Y,
 como en una mala relación de necesitados,
pospongo el final.
Las despedidas no son dolorosas; son jodidamente agotadoras.
Kilómetros de abrazos y excusas. 
Porque nada se termina de una noche a la otra. 
Todo acaba, incluso la muerte, en entregas cotidianas. 
Como cualquier novela de folletín.
Quizá el cierre del blog tenga que ver con cierta falta de angustia que alimente mi letra. 
Feliz de mí, entonces.
Siempre hay tiempo para la pena.


Sucede que a veces - Ismael Serrano