20.9.10

Olas



Por estos días, la imagen de esta ola gigante define a mi amiga Inés en el Messenger. Cuenta ella que es obra de un pintor japonés, Katsushika Hokusai. Maravillosa ilustración de un momento tan fugaz como intenso. 

El gran Pablo describe a la ola y su golpe como la magnética viajera cuya muerte florece y eternamente vuelve a ser y a no ser nada. Así nosotros? Qué narcótico efecto ejerce ese tránsito inacabable en la finitud de esta mirada humana? Acaso el ansia de asistir al génesis de un vaivén perenne? 

Pienso en las olas que he visto, me pienso viéndolas... Habrá alguna de ellas reparado en mí? Cuántas veces abandonó su vientre marino buscándome en alguna ribera? Ninguna me tomó la mano para seguirme los pasos como a Octavio Paz. Cuántas olas es una ola!, dice el mexicano en el relato magistral de un romance subyugante. 

Quizá sea tiempo de orillarme a esperar mi corona de espumas o contemplar cómo tras una ola viene otra, igual que la vida... 


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