Él pasa cada día por su vereda. Vuelve del Industrial. Mameluco, pelo ensortijado y una sonrisa llena de dientes.
Ella lo espera para regresale el gesto con la cara encendida.
El uno no conoce el nombre del otro. Apenas el apodo que Ella le oye al compañero de ruta y que a Él sonroja: Cachaza.
Gustándose, no se han hablado. No lo harán jamás.
Muchas, infinitas tardes después Ella sabrá que Él extravió la ruta.
O la razón.
Surmenage, dirán por ahí.
De tanto en tanto Ella pasa por su vereda. Le hace ilusión encontrar en ese hombre desorientado al adolescente que fue. Y Él por un instante, vuelve a sentirse Cachaza.
Chau - No te va a gustar
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