Tengo vocación de felicidad plena y absoluta.
De bella.
De luminosa.
Despierto y el deseo que tengo es iluminarle el aire a esa oreja gentil
que se entrega a mi susurro.
Cómo no hacerlo si me confía su tiempo, sus urgencias, su ansiedad.
El pago del sueldo,
la hora,
si paraguas o sueter,
el paro docente o de la UTA
y hasta la suerte en algún juego de azar
tendrán mi voz para los amigos que eligen
mi bostezo madrugador.
Aprenderé a manejar?
No.
Porque también tengo vocación de reina;
una soberana capaz de llevar con gracia su corona en el asiento trasero de un taxi.
Encender.
Encenderme.
Abundar en alegría y luz.
Brindo con un cosecha tardía, sostengo mi deseo y Salú!
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