Bien sé que la revolución se alimenta de espíritus jóvenes e incontenibles.
Que hace tiempo necesito de hervores varios para ablandarme.
Pero
en un rincón del alma vive mi adolescente
insurrecta,
sublevada
y
sediciosa.
Se amotina y cree.
Y me hace creer
que otro mundo es posible.
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