Enamorarse es tarea complicada.
Muy.
Casi a los 42,
con las carnes flojas y las canas rebeldes a cualquier Koleston,
mi pretensión es una línea plana en el ritmo vital. Bueno, quizá...
Ni un valeroso analfabeto
ni un
-como diría una amiga-
cobarde intelectual.
Metrosexuales, no; roñosos, tampoco.
Ni elementales, ni superados.
No a conflictivos ó domesticados.
Ok, todo es subsanable.
Pero mi aspiración tiene un límite, una frontera irreductible:
ni moralino ni macrista.
A nadie - Liliana Felipe
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