Habrán sido los 18°.
Ese paréntesis confortable supo de su fugacidad. También yo. No comulgo con aquello de lo bueno si breve dos veces bueno, pero me regodeé en el solaz que, aun con fecha de caducidad, se apuntó el verano.
Celebración.
Los fósforos, la chispa, la pava, aunque imprescindibles, son y serán actores secundarios.
Ahí está el cuenco esperando mis manos. En él, la yerba anhela ser lágrima verde y, contracorriente, nadar a mi garganta; intuye mi boca y serpentea en el corazón de lata. Gustito a naranja multiplicado en cada beso.
Mate mío, compañero y balsámico.
Pynandi - Marcelo Dellamea
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