19.3.11

Hombre

Es oficial. 
Convivo con un Hombre al que amo.

Dieciocho años. Brillante, leal, alto, bien parecido. Su hombría no pasa por arreglar veladores o cambiar el cuerito de la canilla. Que corte el pasto sin que se lo pida es una utopía. Y sin embargo nada de esto mella el hecho de que sea  el mejor compañero de ruta que tuve y tendré. Siempre dispuesto a escucharme, a secarme lágrimas; no pasa día sin que me diga "qué linda estás!" o me reciba con un "qué tal fue tu día?" Genuinamente interesado se presta a oír mis venturas y desventuras. Lo compenso no escarbando en su silencio. Respeto su mirada extraviada a veces, oteando un horizonte acuoso como el elemento de sus sueños. Si peleamos resuella, hace gestos y se pierde escaleras arriba para después, cuando mi enojo o el suyo se hubiere disipado, pasar cerca de mí hasta que uno de los dos suelta la primera disculpa. Echamos a suerte la cena y, cuando la fortuna es buena y la billetera generosa, unánimemente definimos: pizza!
Mi hermoso Bruno. Oficialmente hombre desde hoy, no precisó de fechas para hacerle honor al género. A los tres o cuatro años recibía al cartero, le pasaba los remedios a su abuelo, esperaba "turno" frente al cajón de juguetes en el jardín de infantes, inventaba cuentos tirado panza arriba mirando nubes. Temprano supo que vacas flacas y ausencia de regalos eran lo mismo; que lo único que no tiene remedio es la muerte pero mantuvo la luz, siempre.
A juicio de otros, según la fase lunar, parecemos hermanos, madre e hijo o padre e hija. Es cierto que me protege. Mucho. Se preocupa al punto de hacerme pensar en otro lugar donde vivir. Para no viciarle el aire, para darle margen a los desvelos por una familia que no tardará en llegar.
Recuerdo mi panza, las estrías, los temores, los kilos de más, las náuseas sólo sosegadas con Coca Cola, los últimos días antes del parto durmiendo en el sillón hamaca. Y las fiebres, los boletines, los dibujitos en la tele, los cumpleaños con torta y guirnaldas, los amores que fuimos perdiendo, los amores que fortalecimos y esta unidad indivisible que somos junto a Osvaldo. 
Veo a este hombre. E inevitablemente suelto la pregunta que a diario hago desde hace dieciocho años: qué hice, cuándo y dónde para ser premiada en esta forma? Si acaso Dios tuviera un costado oscuro esperaría un golpe. Luego recuerdo que Vida no es igual a merecimiento. Es Vida no más. Entonces, dejo de preguntar y digo Gracias!

Convivo con un Hombre al que amo. 
Dieciocho años. Brillante, leal, alto, bien parecido. 
Bruno.
Feliz Cumpleaños hijo... Te amamos

Todas las hojas son del Viento - Pescado Rabioso

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué hermoso relato Silvia! qué hermoso recuerdo para Bruno, en sus 18! Qué buen poster! Antes teníamos un álbum donde nuestras madres escibían sobre nuestros cumples, nuestros dientes, el primer día de clase...y tanto más ahora guardaremos nuestros recuerdos en un pendrive, pero más que esto Bruno lo guardará en su corazón, que bello regalo el de tus palabras, el mejor sin duda! Besos para los dos! Inés

María Silvia dijo...

Qué cosa cómo se "destapan" recuerdos!
Mi mamá tenía guardado un pedacito de mi cordón en una especie de oso, oruga, gusano, no sé bien, de peluche blanco. Un día se le dio por vender un placard y dentro del placard estaba el bicho ese... No sabés lo que lloró!
Qué fantástico es saberse amado/a incondicionalmente! Tan maravilloso como necesario para, después, poder amar en igual forma.
Gracias por la presencia y el cariño de siempre. Un beso amiga querida!