Siesta.
Mi madre me advierte quedar a su alcance, fuera del radio del Pombero o del Yasy Yateré.
Con silbido hipnótico el duende rubio anda llamándome a huir de la mirada materna. A desobedecer.
El vientre crecido de un Palo Borracho, pantalla pinchuda y desgarradora, me enciende aun más el deseo de escapar al sol. Y buscar la aventura en el patio de la casa.
Siesta.
Mi Pata de Buey florece como cada Agosto. El Ambay se inclina sobre el techo y en días de viento es otra presencia. El Lapacho amarillo y la Guayaba esperan al Verano. Los veo desde mi ventana.
Mientras...
Las bolsas se derrumban, se incendian los mercados.
El mundo va cayéndose y pienso en el estallido de las flores de mi niñez. Trepada al recuerdo las espinas de mi Palo borracho me sangran los dedos y raspan las rodillas.
Qué dulce ardor la infancia...
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