A diario suelo reprocharme no ser inteligente o lúcida.
Ni linda. O flaca.
Suelo reprenderme por no haber leído bastante o ser menos previsible.
Soy todo lo que no quisiera ser.
Todo lo que me exaspera en otros.
Pero a veces,
hurgándome la tripa y viendo mi miseria,
me encuentro superlativamente insignificante.
La más insignificante de todas.
Y soy feliz.
París muy bien - Yusa
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