29.11.11

Cuna

El ojo se cierra.
Entonces,
              la hilera prolija de ovejas bala sin desafinar.
Adoro ese canto que me acuna.
A este rebaño mío no se le da por saltar cercas o hacer cabriolas.
Me mira con la piedad de quien conoce su degüello.
Confía en que no lo haré diferente de ayer ni de mañana.
Sabe que morirá conmigo
                                      apenas por horas.
                                      Resucitaremos.

Maravilloso vellón.
Blanco como el día que empezamos.
Otra vez.


Y si de algo sirve - David Lebón

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