Bostezó
y extendió los brazos para completar el rito diario.
Miró hacia arriba siguiendo el rumbo de los dedos y vio la redondez lejana.
El viento rojo y el polvo asfixiaron el recuerdo.
La tormenta llegaría de un momento a otro y la ropa en el tendal la reclamaba.
Fue al patio y volvió a ver.
Meneó la cabeza mentón arriba.
No pudo distinguir ni acordarse
si su luna era verde
o bellamente azul...
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