3.11.11

Sing


Había una vez un hombre alto y sombrío que cantaba melodías de amor en sueños. 
Una y otra vez la noche lo paría. 
Y una voz quedita y armoniosa susurraba desencuentros en cualquier escala tonal.

Su mujer esperaba a que durmiese para mirarlo sin el entrecejo fruncido de las mañanas. 
Esperaba escucharlo tararear la historia de algún amante contrariado. 

Amaba al ser que habitaba en su esposo en cuanto apoyaba la sien en la almohada.
Sin los estallidos coléricos que despuntaban ni bien el cuarto se entibiaba de sol.

Una tarde, hastiada, arregló el cuarto con jazmines, sábanas frescas y agüita de pozo. 
El infeliz se acostó y la modorra acomodó su suerte. 
Antes del primer murmullo la mujer le descargó un mazazo sobre el cráneo. 
Y luego otro. 
Y otro. 
Y uno más.
Exhausta, miró a su querido con ternura y se sentó a su lado.
Anhelante de la próxima canción. 


Cadáver exquisito - Fito Páez


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