17.11.10

Periodistas




Hoy recibí un mail. Asunto: Necesitamos periodistas como este paraguayo. Saco las patas del plato y aviso que no soy periodista. Pero soy oyente. Y gente también.

"Es buenísimo", dice el texto, además de proponer la escucha de un audio de 7 minutos que "no tiene desperdicio". No sumo el adjunto. Me niego a darle aire, vicia el éter, asfixia al ciberespacio.
La historia: la Comisión de Defensa del Congreso paraguayo debía sesionar en extraordinarias para tratar una movida, casi al borde de la insurrección, de las Fuerzas Armadas. Varios legisladores faltaron sin justificación. Enrique Vargas Peña, periodista radial, fue por ellos. Todos con teléfonos cerrados. Y a Enrique se le soltó la cadena. "Basuras y badulaques" fueron el inicio de un violento espiral ascendente que no encontró techo ni aun en "marica de mierda, hijo de puta y boludo". A Artemio Barrios, uno de los diputados ausentes que se animó a responderle, le espetó "renunciá, soy tu mandatario y te lo ordeno", para cerrar la entrevista con "te podés ir a la puta que te parió".

En Bolivia Jorge Melgar, desde su programa de televisión, pidió el fusilamiento del presidente Evo Morales y su vice Álvaro García Linera. "Aténganse a las consecuencias este indio analfabeto e ignorante. Odio esa raza  maldita", dijo. Antonio Mendivil, otro exponente de la tarea informativa local, trató a los collas de malparidos,   engendro de llama en piedra. Y sobre la ley contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación que fuera recientemente sancionada y avalada por Naciones Unidas, el editorialista Carlos Valverde sostuvo públicamente "pasársela por las pelotas".

Es éste el coraje periodístico que requieren las audiencias autóctonas? Uno que apele al discurso no menos violento que las acciones que dice objetar? Uno que defina y determine que yeguas y collas, como Cristina Fernández y Evo Morales, son inaceptables en sociedades democráticas? O acaso se demande el ejercicio de la pluma que se embebe en tiempos potenciales y fuentes bien informadas.

Déjenme renunciar a la libertad de expresión en Bolivia o Argentina si el mensaje resultante discrimina o se tiñe de racismo. 
Permítanme renegar de comunicadores, aquí o en Paraguay, que se arroguen potestades de fiscales de Estado.

Pero fundamentalmente, admítanme que desconfíe con argumentos y con las vísceras de pueblos, fueren auditorios o periodistas, tan diestramente posicionados. 



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