12.11.10

Sintaxis


En Siesta con eco, hace poco más de dos años, hablaba de mi vida de punto seguido. Con espacio para los suspensivos y sin margen para los aparte. "Cada párrafo desprendido del texto es un potencial recuerdo", aseguraba.

Por estos días la Real Academia Española estableció cambios en la denominación de letras (así la i griega se llamará ye); eliminó tildes; cambió "quorom" por "cuórum" . Ya el maestro García Márquez había propuesto jubilar la ortografía, entonces Benedetti sostuvo que era un juego frívolo del Gabo y Vargas Llosa entendió como una broma el desplante del colombiano. Sin embargo, fue nuestro Mempo Giardinelli quien hizo una moción subversiva. "Eliminemos la absurda policía del lenguaje en que se ha convertido la Real Academia. Democraticémosla y forcémosla a que admita las características intertextuales del mundo moderno, hagamos que celebre las oralidades, que festeje las incorporaciones como riquezas adquiridas. Esa sería una tarea revolucionaria", alborotó  el chaqueño.

Somos 500 millones de hispanoparlantes que transformamos la lengua vertiginosamente como consecuencia de nuestros cambios sociales. Echamos mano de neologismos, esa manera en que las comunidades salvamos una necesidad expresiva o nos refiere, inequívocamente, la desmemoria colectiva.

Me gusta pensar en Ambrosio  Fornet - escritor, cineasta y miembro de la Academia Cubana de la Lengua -  cuando dice que "el habla va penetrando el idioma como una humedad del subsuelo". Tremenda metáfora. 

Sin embargo ni Márquez, Benedetti o Mempo; ni la Real Española o la Academia Cubana gravitan en mi sintaxis. Una en la que ya no hay puntos suspensivos. Sólo puntos y aparte. Y nuevos párrafos que esperan ser escritos

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